Temprano, en la mañana del 24, escuché una canción, es un cántico nuevo que hace un tipo que hasta hoy ni si quiera sabía quién era. El vídeo alertaba con su título que era un hombre que cantó con los ángeles. Como la razón suele ganarme entonces dudé de esa afirmación. ¿Cómo no lo voy hacer? ¿Cómo no voy a dudar de algo así? La razón me quiere dominar en ocasiones y yo en otras me le dejo, y al final, por simple morbo, puse el vídeo a reproducirse, mientras yo estaba bastante incrédulo.
La verdad no me terminaba por convencer, hasta que la razón ya no se sostuvo más. Yo caí rendido a los pies del omnipotente, tuve que cerrar mi orgullo, mi intelecto, mi conocimiento, todo eso lo reduje a la nada y me di cuenta que era vanidad de vanidades y lo único razonable es que nada se razona.
Entonces escuché a los ángeles corear. Ellos cantaban, eran voces perfectas que adoraban al que me hacía ver que sin Él ni siquiera podría pensar. Entonces la razón caía humillada ante Él y confesaba que Él es el Señor. No quise detenerme. Los problemas se empezaron a alejar. Mis debilidades dejaron de ser grietas para convertirse en fortalezas.
Lo que me costaba lograr para agradarlo se convirtió como en mi aliento, en el aíre. Y la razón seguía humillada, mientras el cantante decía: ¿Puedes ver lo que yo veo? ¿Puedes escuchar lo que yo escucho? Y le respondía con la cabeza, porque escuchaba a los ángeles cantar con él, mientras adoraban al Rey.
Y este Rey me decía: “Quiero que me sirvas en mi palacio”. Entonces inmediatamente me llegó de golpe (sin razón alguna, porque la razón estaba humillada), el primer versículo de Daniel, en el que el Rey los llevaba al palacio porque eran los más inteligentes, los más preparados, 10 veces mejores en toda ciencia.
¿Adivina quién les dio esa capacidad?, me preguntaba el Rey alabado por los ángeles. Entonces yo quería responder, pero la pregunta se respondía sola: Yo les daba la sabiduría. Sin la razón, solo yo les bastaba. Me decía.
Y los ángeles cantaban y yo los escuchaba mientras Jason Upton coreaba “Fly”. El temblor me agarró. Entonces comprendí que este cantante tenía un regalo, porque estaba en la misma posición que los ángeles. Estaba en la misma situación de los seres celestiales: adoraban al padre.
¿Puedes ver lo que yo veo? ¿Puedes escuchar lo que yo escucho? Vuela… Fly.
Entonces, no puedo hacer nada más que escribir lo que pasa. Necesito gritarlo, necesito cantarlo. No quiero a la razón, quiero al Rey que pone a los inteligentes delante de los reyes. No quiero ser el más listo, quiero ser el más sabio. Y quiero cantar con los ángeles. Quiero que mi canto llegue al cielo sin estorbo.
Ya la razón me vale poco, quiero que lo sobre natural, lo inexplicable, pero delicioso, empiece a verse normal en mi vida. Quiero el avivamiento en Naranjo. Quiero que los invisibles inimaginables lleguen ante el Rey. Quiero que los huérfanos y los rechazados se sienten en su regazo. Quiero que todos podamos gritar a coro junto con los ángeles: Vuela… Fly.
Quiero que la gente no pueda negar con su razón que lo que está pasando en Naranjo es un avivamiento. Quiero que la santidad se desate como una ola irreversible. Quiero que los jóvenes caigan rendidos y pidan perdón por sus delitos.
Quiero ver al Cerro que tiene el nombre de la presencia de Dios, caer ante los pies del Señor. Quiero el amor de Dios llegando a cada corazón. Quiero trabajar en el palacio del Rey. Quiero cantar Fly, quiero volar con sus alas. Quiero ser de los valientes. Quiero cantar con los ángeles y que el avivamiento nunca se detenga en Naranjo.
En esta canción de Jason Upton, realizada en un concierto en vivo, se apareció un ángel. El ángel fue visto por un niño, atrás de Jason Upton, cantando. Tiempo después la grabación fue analizada y hay una perfecta armonía de voces cantando junto a Upton. Para una perfecta harmonia se nesecita minimo 7 voces, lo unico fue que Jason estaba cantando solo, sin más voces ni micrófonos. Ese día, cantaron con los ángeles.