lunes, 7 de febrero de 2011

Una lágrima para los muertos

Hace poco me puse a leer micro relatos. Son historias que, por su brevedad, se leen en un minuto o menos. En ese leer me tropecé con un micro relato hermoso de un autor guatemalteco llamado Augusto Montterroso. El cuento se llama El Dinosaurio y quiero compartirlo por su brevedad:

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Es algo sumamente corto. Pues esta novedad literaria que se reformó por los años 80, me empapó de curiosidad y en la misma línea de pensamiento, me di cuenta que en la Biblia también había un micro relato hermoso y lleno de un gran significado. Está en Juan 11 – 35. Es verdaderamente un micro relato. Incluso es el versículo más corto de la Biblia, pero esas dos palabras superan por lejos a cualquier relato largo. Simplemente es poético:

Jesús lloró.

La historia de un sanador, predicador. La biografía de Dios hecho hombre, escrita en cuatro evangelios, guarda el momento en que el Verbo, no resiste el lagrimeo continuo y se hunde en el llanto poético por la muerte de su amigo Lázaro.

Porque Jesús sabía bien la relación entre: mentor, amigos y discípulos. Así que él tenía sus amigos. Se llamaban Lázaro, María y Marta.

Cuando en medio de la atareada agenda, el Señor quería quitarse los zapatos, comer una deliciosa pizza y compartir alguna charla de café hasta la madrugada, la casa de Lázaro y sus hermanas era el lugar apropiado. Ni siquiera los apóstoles podían entrar en ese selecto círculo. Tampoco sus íntimos, como Pedro o Juan. La casa de Lázaro era el lugar ideal para distenderse de las arduas tareas ministeriales.

Las bromas de Lázaro que siempre lograban arrancarle una carcajada al Maestro. Y esas anécdotas increíbles que sólo a él podían sucederle. Indudablemente Lázaro es de esos amigos que logran hacerte sentir bien y por unas horas, no tienes que pensar en las complicaciones cotidianas.

Una mañana, después de esas charlas en la madrugada, Jesús se despertó y después de un desayuno opulento con las tortillas palmeadas de Marta, Jesús se fue a realizar sus labores evangelísticas.

Esa mañana Lázaro no se sentía bien. La fiebre inició. Marta lo mandó a bañarse porque las mujeres creen que el agua es milagrosa y con bañarse todo se cura, pero la fiebre empeora. Por un momento se desmayó y Marta tuvo que correr para acostarlo en la cama y no dejarlo levantarse

A María se le ocurrió llamar a Jesús. Pero Marta se negó a molestar al Maestro, pero Lázaro estaba cada vez más enfermo. Su estado era grave. Así que a escondidas, María tomó el celular y marcó el número de Jesús.

―Jesús. Discúlpeme la molestia. Es que Lázaro está muy enfermo. Los médicos no saben que tiene, pero se espera lo peor. Por favor, ven a sanarlo y luego sigue con sus labores.

―A penas pueda estaré por ahí, María. Tranquila que Lázaro va estar bien.

Pero Jesús no fue a su casa. Y pasó varios días sanando enfermos, liberando endemoniados y predicando. A los días se acordó de la llamada de María y se fue rápido para la casa de Lázaro.

Al llegar se dio cuenta de la terrible noticia. Lázaro había muerto. Jesús llamó a María para conversar con ella, pero cuando la vio correr hacía él, se estremeció su pecho. Sintió como la represa lagrimal colapsaba y la sostenía con los ojos, pero el peso de las lágrimas le invadía los ojos y la nariz. Su voz se quebró, pero logró reponerse y así habló con María.

Jesús pidió que lo llevaran a la tumba de Lázaro y mientras todos le reprochaban que ni siquiera en el entierro pudo estar, él estaba aturdido por la muerte de Lázaro.

Apenas se paró enfrente de la tumba , Jesús, el Verbo, el hijo de Dios, no pudo resistir más la represa y estalló en un llanto. Su voz se quebró severamente. Sus ojos lagrimeaban al compas de su llanto y la gente se sorprendió por el dolor que sentía.

¿Por qué lloraba Jesús si iba a resucitarlo?

Sus lágrimas estallaron porque no resiste a la muerte. Jesús no resiste que nadie muera. Él estaba en la tierra para dar vida, no para ver morir a la gente. El lloró porque no soporta que sus seres más amados mueran. Él no soporta a la muerte. Jesús lloraba con dolor porque, al igual que Lázaro, muchos han muerto sin conocer la vida.

Muchos andan muertos en vida caminando por las calles. Jóvenes como usted y como yo. Amigos nuestros, vecinos, familiares. Muchos que aunque caminan, andan muertos porque no conocen la vida.

Jesús pide que muevan la piedra, pero nadie la quita porque va oler feo. Lázaro tiene días de estar enterrado. Jesús vuelve a pedirlo y dos inteligentes corren a quitarla porque saben lo que se viene.

El Maestro empieza a gritar: Lázaro, ven fuer.

La gente se sorprende. Algunos se burlan y esperan el fracaso para destruir a Jesús, pero todos tienen que quedarse callados cuando ven a algo semejante a una momia, salir de la tumba. Muchos se escandalizan, pero otros se sorprenden y se emocionan.

Jesús anda dándole vida a los muertos. Porque no soporta la muerte. Jesús venció a la muerte y al pecado. Él no soporta que las personas mueran.

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